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A pesar de que amaneció el día amenazando lluvia, unos cuantos, ocho
concretamente, no nos acobardamos y nos dirigimos al polígono, donde
vamos a iniciar la excursión de hoy.
Empezamos junto a la cementera, por un carril, sorteando
charcos.
Pronto lo dejamos para coger un sendero que nos acerca al
arroyo de las adelfas.
Hay que cruzar el arroyo y los hacemos por un azud.
Continuamos entre torviscos, adelfas, juncos, zarzas, escaramujos y un
sin fin de platas que mostraban sus verde limpios, recién lavados por la
lluvia de la noche anterior.
Nos acompaña el rumor del agua, que en algunos momentos se
deja ver entre la vegetación.
Hay algunas charcas grandes, en las que en verano podríamos
darnos un buen chapuzón.
Alguno de los que íbamos, recordaba con nostalgia haberse
bañado allí en sus años mozos.
Pasamos al lado de unos quejigos casi desprovistos de hojas
pero con muchas agallas. También hay algunos almendros, ahora en flor,
junto a los restos de antiguas viviendas.
El sendero nos llevó hasta un terreno más abierto, un llano
cubierto de hierba verde en el que hay una encina enorme, preciosa, de
ramas acogedoras bajo las que echar una buena siesta en días calurosos.
Cruzamos el arroyo y continuamos por un carril por el que
fuimos ganando altura.
Frente a nosotros, aparece la sierra del Torcal con sus
tonos grises.
El carril nos lleva hasta las ruinas de una casa con un
árbol delante y una fuente, ahora sin agua.
Es un buen sitio para parar a comer algo y hacernos la foto
de grupo, hoy bastante reducido.
El cielo sigue cubierto de nubes, pero deja pasar una luz
que hace que los colores, el ocre de la tierra, el verde de las plantas,
se vean más intensos. También la sierra parece más imponente.
Continuamos. Dejamos atrás una sucesión de suaves colinas
cubiertas de mucha vegetación. Encinas, pinos de repoblación, lentiscos,
enebros...La jara, anticipándose a la primavera, ya tiene alguna
flor.
También damos vistas a la
sierra de las cabras.
Ahora, el carril desciende y
con una marcha ligera, enseguida llegamos al punto de inicio.
Se ha colado un rayo de sol
entre las nubes, iluminando una casa blanca en medio de un campo verde
en el que las flores amarillas ponen un toque dorado.
Hemos dado un paseo muy
bonito.
Me ha sorprendido la cantidad
de vegetación que hemos visto, en contraste con los montes tan pelados
que se ven al principio.
Es la una de la tarde, una
hora estupenda para tomar una cerveza. ¡Nos la hemos ganado!
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