Hoy no nos vamos a alejar de nuestra ciudad. Podremos comprobar que tenemos cerca parajes muy bonitos que merece la pena visitar.

            A las ocho de una mañana, con una temperatura estupenda y cielo casi despejado, algunos más de la treintena, nos dirigimos hacia el Nacimiento de la Villa.

            Vamos a acercarnos a la sierra por la Alhajuela.

            Un sendero, entre abundante vegetación, espinos, escaramujos, zarzas, gayumbas... nos conduce hasta el arroyo de las Adelfas.

El camino discurre paralelo a su cauce entre árboles de ribera y quejigos. Nos acompaña el murmullo del agua, también las pájaros nos quieren dar la bienvenida con sus trinos. La hierba, perlada de rocío, brilla bajo el sol de la mañana. Algunas florecillas azules nos indican que la primavera quiere instalarse entre nosotros.

Cruzamos por un puente desvencijado, y enseguida llegamos a las ruinas del cortijo, enclavado al pié de la sierra

Realmente, eligieron un sitio privilegiado para su construcción. Hay algunos árboles ornamentales, restos del antiguo jardín que tuvo que ser magnífico. Me impresionó un fresno enorme.

Este es un buen sitio para parar a desayunar.

Continuamos por un sendero pegado a la sierra que poco a poco nos hace ganar altura. Hay algunos espinos que ya tienen las primeras hojas, recién estrenadas, de un verde brillante.

La pendiente es cada vez más pronunciada y hay que ir poco a poco, cada uno a su ritmo.

Pasamos junto a paredes cubiertas de musgo.

Al fin subimos a una zona abierta completamente verde de hierba, por la que corren algunos regueros de  agua . A los lados rocas con formas caprichosas. Nos llama la atención una grande cubierta de hiedra en la que se abre una puerta, parece un torreón de cuentos.

Hay un pozo y un pilón de los que procede el agua que corre ladera abajo.

Desde aquí tenemos una vista preciosa de la vega, un enorme mosaico de cuadros verdes y marrones. En primer término Antequera. También se ve la Peña, plantada en la llanura.

Sobre nosotros el cielo azul y algunas nubes deshilachadas que no impiden que el sol lo bañe todo con su luz.

Algunos decidimos llegar al pico de las Cabras.

Pasamos un collado en el que los lirios salpican la hierba.

Hay un bosquete de espinos, todavía dormidos de ramas cubiertas de líquenes.

Un último esfuerzo por un terreno de rocas, merece la pena, para llegar hasta la cumbre.

 

Nuestra recompensa un paisaje magnífico.

Se ve Málaga y el mar. Algunos pueblos blancos tendidos en la llanura, Casabermeja, Villanueva del Rosario, Villanueva del Trabuco...Peña Negra, la Maroma que todavía tiene nieve y las cumbres blancas de Sierra Nevada.

Hay que hacerse la foto y bajar rápido que los demás nos esperan.

Bajamos rápidamente hasta la Boca del Asno y desde aquí un sendero nos devuelve al cortijo de la Alhajuela. Cogemos agua del pilón y continuamos por el carril paralelo a la carretera.

Abajo se adivina el arroyo entre los verdes grisáceos de las encinas y una maraña de ramas grises sin hojas, que parecen una bruma densa.

Algunos almendros, todavía en flor, adornan el camino.

A las tres estamos en los coches.

Hoy, por fin, hemos disfrutado  del sol.

 

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