DATOS

Altura mínima: 499 metros.

Altura máxima: 831 metros

Ascensión acumulada: 1.020 metros.

Descenso acumulado: 939 metros.

Duración: 7 horas y 15 minutos

Distancia: 17 kilómetros.

A las 7,30 de la mañana nos esperaba el autobús en la plaza de toros.

Somos 29 amigos los que ocupamos nuestros asientos y nos dirigimos hacia Ronda. En el camino recogemos a tres compañeros. Primero a Antonio y después a Javier y a Sonia que hoy van acompañados de su perra.

En el cielo, completamente despejado, nos saluda una luna redonda de plata.

Poco a poco la luz ilumina una mañana radiante. Hoy el sol nos va a acompañar casi todo el día.

El autobús nos deja a las afueras de Júzcar. Nuestro primer objetivo es Cartajima.

Muy animados caminamos por un sendero entre encinas que en suave descenso nos lleva hasta el fondo del barranco que luego tenemos que subir. Esta va a ser la tónica de hoy, bajar y subir.

Pero el esfuerzo merece la pena. En estos bosques el otoño campa a sus anchas pintando los árboles de tonos dorados y rojizos, desnudando sus ramas y cubriendo el suelo con una alfombra marrón y crujiente.

Enseguida llegamos a Cartajima y recorremos sus calles de paredes blancas.

Salimos del pueblo y al poco nos topamos con el castaño Arena. Un árbol enorme que debe tener unos cuantos cientos de años a juzgar por su enorme tronco.

Nos adentramos en el bosque de castaños. Miramos a nuestro alrededor y vemos un mar ondulado de tonos ocres cubriendo las laderas.

Continuamos bajando y disfrutando de la arboleda hasta llegar al río Nacimiento.

Ahora toca volver a subir por una ladera de pendiente muy pronunciada que nos hace sudar.

En nuestro campo de visión aparece Cartajima colgado en la ladera con sus casitas blancas enmarcadas por el gris de Los Riscos y la cancha Armola.

Nuestro próximo destino es Igualeja.

Nos conduce un sendero estrecho,  encajonado entre muros que pasa por algunos huertos muy bien cuidados en los que vemos coliflores, acelgas, alcachofas y vistosas calabazas anaranjadas.

La senda en continua bajada nos lleva hasta el nacimiento del Genal, en un paraje domesticado, aunque muy agradable, en el que descansamos un poco y damos algunos tientos a la bota de vino.

Continuamos nuestro camino ahora en dirección a Parauta, no sin dar  algunas vueltas por las calles de Igualeja hasta encontrar, por fin, la calle de la Tetona, por donde salimos otra vez  al castañar, dueño y señor de estos parajes.

El suelo está cubierto por completo de hojas que crujen bajo nuestras botas. Entre la hojarasca asoma la hierba verde que ha brotado después de las últimas lluvias.

Tras bajar al fondo del barranco y volver a subir llegamos a Parauta a la hora de comer.

Compramos unas cervezas en el bar y tomamos la calle. Cada cual busca un escalón o un banco y sacamos los merecidos bocatas de los que no dejamos ni las migas.

El cielo se ha cubierto de nubes negras un tanto amenazantes, así que volvemos a colgarnos las mochilas y nos ponemos en marcha hasta el último punto de hoy, Cartajima.

Caminamos de prisa para entrar en calor.

El camino desciende adornado por quejigos y madroños que exhiben sus frutos dulces y anaranjados, a los que algunos atribuyen propiedades afrodisíacas que no se si tendrán. Ramón, por si acaso, lleva una bolsa llena. Espero que nos cuente los resultados.

El sol vuelve a salir y nos acompaña hasta el pueblo donde nos espera el autobús.

Antes de subir nos hacemos la obligada foto de grupo, y partimos hacia nuestra ciudad a donde llegamos de noche y otra vez acompañados por la luna que nos ha regalado una espectacular salida por el horizonte teñida de naranja.

Un buen colofón para tan magnífico día.

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