A las ocho de la mañana veintiséis amigos y amigas nos reunimos en dirección a Ardales. El día se auguraba espléndido, unas cuantas nubes punteadas en el cielo y un sol radiante.
Nuestra primera parada fue en Campillos, donde desayunamos a base de bien. Terminado éste nos dirigimos a Ardales, más concretamente al Museo Municipal de la Historia y las Tradiciones de Ardales, donde pudimos admirar curiosidades de épocas pasadas y compramos la entrada a la cueva de Ardales. En el museo, el director, Pedro, nos regaló publicidad y libros sobre la ciudad y la cueva.
A eso de las diez y media entramos en la cueva. Provistos de linternas comenzamos el recorrido, atendidos por nuestro guía, Andrés. Primero descendimos por unos grandes escalones hasta una enorme y preciosa galería llamada la sala de las Estrellas. El guía nos aproximó la historia y las características de la cueva. La temperatura media de esta eran unos 15ºC y la humedad del 100%. Presentaba en sus paredes distintas capas y en algunas se podían observar los bellísimos cristales. El conjunto de estalagmitas, estalactitas, columnas, rocas y formas en las paredes era sorprendente, realmente fabuloso. El guía nos contó que los escalones y el asfaltado del suelo se habían hecho hacia el siglo XIX para visitas turísticas. A lo largo de toda la visita pudimos admirar otras salas como la del Lago (o el charquito), diferentes pinturas del paleolítico y el neolítico, como un hombre provisto con un arco, las manos en negativo, marcas que señalaban diferentes rutas; también vimos un cráneo semienterrado de un ser humano y un hueso pequeño que perteneció a un niño. Nuestro guía nos sugirió que apagáramos las linternas y guardáramos silencio,  para que en la sala de las Estrellas pudiéramos contemplar la oscuridad total y escuchar los leves sonidos que producía la propia cueva.
A las doce y media terminó la visita a la cueva y una vez acabada la distribución de los coches nos dispusimos a comenzar la ruta Mozárabe. Nuestro “nuevo” guía, Reinaldo, nos advirtió que el camino estaba un poco difícil de localizar en su primer tramo, cosa que confirmamos poco después. Entre risas y comentarios empezamos a subir por un camino serpenteante que nos brindaba magníficas vistas del Desfiladero de los Gaitanes, hasta alcanzar la presa de la Encantada. Desde aquí por un tramo del GR-7 llegamos a las ruinas de Bobastro, restos de una iglesia, aljibes y tumbas picadas en la piedra, un conjunto digno de ser visitado. Como el marco era precioso nos hicimos nuestra típica foto de grupo, entre algunas risitas de unos güiris que visitaban el lugar.
El día todavía prometía, volvimos a subir a las Mesas de Villaverde para dirigirnos a unas restos de casas horadadas en la piedra, donde algunos comprobaron la dificultad de subir a su segundo piso, muy curiosas; donde se divisaba panorámicas preciosas del pantano, de la Huma y algunos tramos del Caminito del Rey.
La tarde caía y nos dispusimos a bajar dirección a la central hidroeléctrica donde habíamos dejado parte de los coches del grupo. En El Chorro tomamos un refresco con “madalenas” y de regreso a casa.
Otro magnifico domingo bien aprovechado con los Amigos del Torcal. 

 

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