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TRADICIONAL SUBIDA AL CAMORRO Otro año más vamos a hacer la ya tradicional subida al Camorro por Navidad. Solo unos pocos nos encontramos a las nueve de la mañana en nuestro punto habitual de encuentro. Durante la noche ha estado lloviendo y solo los más valientes o los más inconscientes nos hemos atrevido a desafiar a los elementos. Así que nos dirigimos al pie de las Carihuelas desde donde iniciamos la marcha. La mañana no está tan mala, solo caen algunas gotas. Desde aquí vemos nuestro objetivo con un penacho de nubes en la cumbre. Cuando coronamos el puerto podemos contemplar Antequera desdibujada por un velo de nubes bajas. Continuamos por el sendero que discurre junto a la alambrada. El suelo está muy mojado y el barro se pega a nuestras botas haciéndolas más pesadas. Pero en cuanto subimos por las rocas se quedan limpias. Sobre nuestras cabezas pasa una bandada de grajos que llenan el aire con sus estridentes graznidos. Abajo vemos el Navazo, una llanura marrón y verde rodeada de paredes grises. Sopla viento frío que arrastra las nubes dejando la cumbre despejada. Cuando vemos la cruz de hierro sabemos que ya nos falta poco para alcanzar la cima. Las rocas están resbaladizas y tenemos que ir con cuidado, sobre todo en el tramo final. Pero al fin todos alcanzamos la meta. Ahora procedemos a colocar la placa conmemorativa, en esta ocasión es verde y lleva grabado el nombre del club y la fecha. La humedad hace difícil su pegado pero con paciencia todo se consigue. Sacamos el anís y los mantecados y brindamos y cantamos algunos villancicos, aunque desde luego lo nuestro no es el cante. Para el año que viene deberíamos ensayar. Y después de la foto, a bajar. Calentitos con el anís, enseguida llegamos a la alambrada. Desde aquí vemos como la Peña de los Enamorados contempla petrificada a Antequera sobre la que el arco iris despliega sus colores. El último tramo de bajada lo hacemos por el camino ¿restaurado?, piedra sobre hormigón, en algunos tramos tan empinado que en los días de humedad se vuelve peligroso por lo resbaladizo. Sin incidentes, llegamos a los coches donde nos despedimos hasta la próxima, ya en el año nuevo que deseo traiga para todos amor y felicidad y nuevos caminos que recorrer.
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