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CERRO DE LA CRUZ-CHAMIZO Por fin domingo, día de descanso, bueno, de “descanso”, porque a las siete ya estaba sonando el despertador, pero hoy no cojo el coche para ir a trabajar, hoy nos vamos a caminar. A las ocho de la mañana nos reunimos los valientes para dirigirnos a Villanueva del Rosario a seguir los pasos de José Manuel. La primera dificultad la encontramos en el camino que sale desde el pueblo hasta donde tenemos que dejar los coches, pero, aunque echamos de menos un Todo Terreno que se ha quedado en Antequera, llegamos. Nos calzamos las botas y “arrieritos en el camino somos”. Comenzamos la jornada con una buena cuesta (no sería la última), que pasamos entre charlas y risas, pronto tenemos que cruzar una primera alambrada, bueno cruzar, cruzar…más bien saltar. Y caminado caminando llegamos a un buen sitio donde descansar un poco y tomar el desayuno, mientras jugamos con uno de los perros que hoy nos acompañan. El descanso se hace largo para algunos y empiezan a protestar, así que a los que nos parece corto nos toca levantarnos y continuar. Por fin llegamos a la base de la Cruz de Camarolos, no es mucha altitud, pero tenemos que crestear y saltar de piedra en piedra. Coronamos nuestro primer destino. Hasta ahora todo bien, parece que hoy nuestro guía quiere ser bueno con nosotros. He dicho hasta ahora, claro. La siguiente parada será en la cima del Chamizo que divisamos a lo lejos, y, que desde la Cruz no parece muy difícil de subir. El paseo hacia el Chamizo es bastante agradable, aunque hace todavía calor y por mucho que se quejara Sole no fue nada difícil, pero, me confié demasiado, porque lo peor ( o lo mejor según se mire) estaba por llegar, y llegó, al pie del Chamizo nos dimos realmente cuenta a lo que nos enfrentábamos: piedras, piedras y más piedras. Aquí dos de los valientes se despidieron del grupo, uno porque le dolía la rodilla, el otro…, por acompañarlo, o al menos eso dice. Empieza el juego, subir al Chamizo se hace interesante, agarrándonos a las piedras y tratando de mantener el equilibrio, y haciendo alguna que otra paradita para “contemplar el paisaje”, la ascensión se hace bastante entretenida. Todo sale bien y todos llegamos en perfectas condiciones, y con la sonrisa en la cara por la satisfacción de haberle ganado la batalla a la montaña. Desde la cumbre divisamos la Maroma, el pantano de la Viñuela a sus pies, Canillas, Alfarnate, Alfarnatejo, Vélez-Málaga al fondo bañada por el mar…, y en la cumbre también llenamos el estómago que ya llevaba rato intentando llamar nuestra atención. Tras la foto y una última mirada al paisaje, iniciamos el descenso, otra vez piedras, pero se acaban enseguida, y entonces…un terreno bastante resbaladizo, en el que nos caemos alguno que otro, sin ninguna consecuencia más que las risas de nuestros simpáticos compañeros. Cuando bajamos encontramos una “bendita fuente”, con la que saciamos nuestra sed y reponemos nuestras fuerzas, que aún tenemos que llegar a los coches. Allí están al final del camino esperándonos pacientemente para llevarnos a casa.
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