El destino elegido para hoy es la Sierra de las Nieves, lo que ha propiciado que seamos más de treinta amigos los que nos encontremos a las siete treinta  en el punto habitual.

            El sol ilumina la mañana que promete ser radiante, aunque a estas horas hace frío.

            Después de muchas curvas y algún mareo llegamos al puerto del Saucillo donde nos esperan José Manuel y familia.

            Nos colocamos las mochilas e iniciamos el recorrido por una senda que se interna entre pinsapos en el bosque. Pronto llegamos al pinsapo candelabro que alza sus brazos al cielo.

Manolo Benítez no puede resistir la tentación de subir a una rama y adoptar una de sus poses para la foto que lo inmortalice. Hay quien dice que quiere acaparar todas las páginas del próximo calendario.

Continuamos hasta llegar a un cruce de caminos, es el puerto del Pilón de las Tres Puertas. El sol se cuela entre las ramas iluminando el bosque y mostrando los distintos matices de verde del musgo que cubre troncos y piedras.

Seguimos por la segunda trocha a la derecha y bajando llegamos hasta la Cueva del Agua. Es una gran oquedad que se abre en la ladera verde de la montaña. En el techo la roca adquiere relieves de formas caprichosas. A la entrada hay un pequeño pinsapo y a sus pies una fuente en la que nadan renacuajos.

Este nos parece un sitio estupendo para el primer bocata de la mañana.

Desandamos parte de lo andado hasta coger el sendero que nos lleva a otra fuente, la de la Chaparreta. Aquí son los pinos los protagonistas, aunque enseguida son sustituidos por los pinsapos, algunos enormes, a cuya sombra crece romero, adelfilla, eleboro...El musgo cubre casi todas las piedras volviéndolas verdes.

El sendero pasa junto a un lugar conocido como Los Chorreones y a su paso bajo el tajo de la Alberca, se vuelve muy abrupto y empinado. Llaneando llegamos a la cañada de los Hornillos.

Enormes bloques de piedra ocupan el cauce por donde el agua, cuando la haya se debe precipitar ruidosa, barranco abajo.

Atravesamos el cauce seco y el camino se torna muy empinado hasta llegar al puerto de las Camaretas. Desde aquí podemos contemplar el Peñón de Ronda y recordar los arañazos que las aulagas nos inflingieron cuando lo subimos. Son los tributos que a veces, nos cobra la montaña.

Ahora vamos a caminar por el pinsapar de Cubero con algunos ejemplares de pinsapo espectaculares. El silencio del bosque es roto por nuestra charla y por los cantos de los pájaros.

 Pasamos por una zona en la que se ven esqueletos de ramas retorcidas y muertas. Seguramente victimas de algún incendio.

Hay que volver a subir. La senda va sorteando árboles, hasta llegar a la fuente de los Hornillos, un lugar idílico en el que hay una cueva que seguramente utilizaran como refugio.

Continuamos subiendo y cuando creemos que hemos llegado vemos que el camino todavía sigue hacia arriba.

Tomamos aire y seguimos hasta coronar el puerto del Hornillo. Paramos para reagruparnos y contemplara el paisaje.

Ya solo nos queda bajar. El camino, bastante cómodo, está flanqueado por algunas sabinas enormes.

 Abajo tenemos la cañada de los Hornillos a la que confluyen las laderas de rocas blancas. Los pinsapos crecen con formas cónicas perfectas, pues encuentran suficiente espacio que les permiten crecer rectos en busca del sol. El lugar es sobrecogedor.

La senda discurre junto al cauce del torrente entre enormes pinsapos. Lo atravesamos en varias ocasiones hasta llegar al puerto Bellina en el que hay algunos cedros que  contrastan entre los pinsapos.

Este es el lugar y la hora perfectos para otro bocata y naturalmente, un trago de la bota de vino que Juan nos ofrece a todos.

Desde aquí hasta el puerto Saucillo, donde comenzamos nuestra andadura, nos queda muy poco. Pero antes, damos un rodeo y pasamos por el llano de la Cana para subir hasta un balcón natural desde el que podemos contemplar un magnífico paisaje.

Vemos la costa  recortarse sobre el azul del mar y al fondo, adivinamos África entre el mar y el cielo.

Desde aquí enseguida llegamos a los coches y después de algunos estiramientos y un café en Yunquera, nos despedimos hasta la próxima.

He disfrutado del bosque, de los colores, del aire limpio, del sol y como no, de la compañía.

 

.

Volver al inicio de esta página     Volver a Actividades realizadas     Volver a la página principal