La excursión de hoy va a discurrir entre las provincias de Granada y Almería.

            Salimos a las siete de la mañana.

 Vemos las primeras luces del día ya en la carretera, iluminando Sierra Nevada, que aparece bajo un cielo despejado. Solo hay dos nubes que parecen platillos volantes, iluminadas por el sol.

Pasamos por el pueblo de  La Calahorra, custodiado por su bello castillo renacentista y que ha servido como escenario en alguna película.

A las nueve llegamos a Ferreira, donde iniciamos nuestro camino.

Caminamos por las calles dormidas del pueblo y salimos por un sendero que discurre entre castaños y que pronto empieza a subir. Vamos acompañados por el rumor del arroyo que baja cantando desde el puerto de la Ragua.

Huele a menta y a mejorana. Frente a nosotros la ladera de un monte cubierto de pinos.

Pasamos entre zarzas que nos brindan sus moras y sus arañazos.

Poco a poco, vamos ganando altura y mirando atrás podemos contemplar la hoya de Guadíx, una gran manta de cuadros marrones y amarillos extendida en la llanura.

Llegamos a las ruinas de un cortijo. Hay  unos escaramujos enormes.

El otoño empieza a pintar de  tonos rojizos algunos árboles.

Cruzamos la carretera y pasamos por un bosque de pinos que nos envuelve con su olor.

Hemos llegado al Puerto de la Ragua, nuestra primera etapa.

Descansamos un poco y emprendemos la subida al pico del Chullo.

Vamos junto a un bosque de pinos por un sendero muy empinado, hasta llegar a la meseta de Prados Altos. Pasamos entre piornos que tapizan el suelo con sus formas redondeadas. Sopla una brisa suave que nos refresca.

El sendero sigue subiendo. Frente a nosotros se dibuja como una línea siempre en ascenso. Poco a poco la línea que teníamos tan lejana se va ensanchando, y se convierte en el camino que pisamos.

Llegamos junto a un refugio. Ahora la brisa es un  viento más bien frío.

Seguimos subiendo y por fin vemos el punto geodésico que nos indica que hemos llegado.

Desde aquí podemos contemplar la vega sobre la que se proyectan las sombras de las nubes que ha arrastrado el viento. Vemos la sierra de Baza y los Filabres al frente, a nuestra espalda el valle del río Andarax y a nuestra izquierda La Alcazaba y el Mulhacén.

Disfrutamos del paisaje y comemos, que ya es la hora.

Un trago de vino y un bocata y a bajar se ha dicho.

El regreso es mucho más rápido y más descansado.

Cuando llegamos abajo ya nos está esperando el autobús que nos llevará de vuelta a casa después de tomar un refresco.

Hemos pasado un día estupendo.

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