Son la ocho de la mañana cuando nos encontramos un numeroso grupo de amigos dispuestos a recorrer nuevos caminos.

            Se nota que es  principio de temporada y estamos deseosos de campo. Además el sitio elegido para hoy, la Sierra de las Nieves, siempre nos ha dejado con ganas de volver y descubrir sus magníficos paisajes.

            Una vez todos acoplados en los coches, nos dirigimos hacia Ronda. En el camino nos reunimos con nuestros amigos de Fuengirola, José Antonio y José Luis.

            Al llegar al lugar donde tenemos previsto dejar los vehículos, nos encontramos con la primera sorpresa del día, una cadena que nos impide el paso hasta la zona recreativa de los Quejigales. Con lo que tendremos que sumar 2,7 Km. a los 16 anunciados. Pero ello no nos desanima y con las mochilas al hombro iniciamos nuestro camino.

            Hace una mañana preciosa de cielo azul y una temperatura estupenda.

            Llegamos enseguida al Llano de la Laguna y desde aquí solo nos separa un kilómetro del pinsapo de la Escalereta. ¿Quién no se acerca a verlo? Seguimos sumando, 2 kilómetros más.

            Merece la pena venir a ver este enorme pinsapo de más de 5 metros de diámetro que eleva sus enormes ramas al cielo. Debajo de él  parecemos hormigas.       

            Aprovechamos el magnífico decorado para  desayunar pues son ya las 11 de la mañana.

            Volvemos al camino que traíamos, un ancho carril transitable para vehículos que bordea un enorme barranco, es el Cambullón de Vélez. Frente a nosotros podemos ver las laderas cubiertas de pinsapos del cerro Alcojona.

            Dejamos el cómodo carril y ¡empieza la aventura! Seguimos lo que  parece ser un sendero que sale a nuestra izquierda y se interna en el monte entre aulagas, espartos y piedra suelta. Cuando llevamos recorrido un buen trecho y estamos llegando arriba, nos damos cuenta que este no puede ser el camino, pero nos parece mejor seguir que volver.

            Esperamos a estar todos reunidos y volteamos la loma. Desde aquí podemos distinguir el sendero que deberíamos haber cogido. A media ladera, por donde mejor podemos, llegamos a su seguridad. Hemos sumado algún que otro kilómetro más y algunos arañazos.

            Seguimos la senda entre sabinas y enebros y nos descubre la cañada de los Pilones que nos separa de la enorme mole del Torrecilla que cae a nuestra derecha.

            Pasamos por un bosque de pinsapos centenarios que crecen entre los restos de los enormes troncos caídos al suelo que no han resistido más el paso de los años. Hay ramas muertas por todos lados, es sobrecogedor. Hasta parece que los pájaros cantan más bajo.

            El sendero desemboca en el arroyo de los pilones y podemos comprobar el por qué del nombre. Un lecho de rocas enormes desgastadas por el paso del agua que forman charcas, donde  se acumulará y saltará de una a otra. Debe de ser todo un espectáculo verlo cuando lleve agua.

            Son las tres, creo que ya nos hemos merecido un bocata y este sitio es perfecto.

            A nuestra izquierda podemos ver nuestro objetivo, el cerro Alcazaba, una fortaleza de rocas, que desde aquí parece inexpugnable, sobre la que vuelan con gran escándalo las chovas.

            Un pronunciado repecho nos separa de la cumbre y el estómago lleno no es lo mejor para hacer estos esfuerzos. Iniciamos la subida campo a través, sorteando las rocas sueltas y los piornos. Después de algún resbalón y alguna caída, por suerte, sin graves consecuencias, todos vamos llegando a lo alto de la ladera pero nos hemos desviado y hemos dejado atrás la cima del peñón.

Solo tres conquistan la cumbre, Manolo, HERMAN y Antonio. Los demás algo decepcionados nos conformamos con verlo desde aquí y volver a intentarlo en otra ocasión, pues ya es tarde y más de uno ha superado el límite de sus fuerzas.

Aquí podemos ver las antenas del puerto de los Pilones, al que dirigimos nuestros pasos por un terreno de rocas grises sobre las que destaca el verde de los enebros y sabinas. Los piornos le dan  al terreno ese aspecto almohadillado sobre el que se elevan los troncos de los quejigos todavía cubiertas sus ramas con hojas verdes. Pronto, cuando el otoño los desnude estarán irreconocibles y parecerán carentes de vida.

Llegamos al camino que nos lleva hasta la cañada del Cuerno. Algunos deciden seguir por el carril, más cómodo, que los conducirán hasta los coches. Los demás bajamos por esta magnífica cañada entre pinsapos enormes a cuyos pies los nuevos arbolitos esperan una oportunidad para poder crecer

La bajada es cómoda y enseguida llegamos a los Quejigales. Ya solo nos quedan los 2.7 Km. hasta los coches que nos llevarán de vuelta a casa, no sin antes hacer una parada en un bar donde nos reconfortaremos con una bien merecida cerveza.

En fin, un día para contar, espero que los que nos han acompañado por primera vez no tiren la toalla y vuelvan con nosotros en otras ocasiones. 

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