A las ocho de una mañana muy cálida de primavera, un nutrido grupo de amigos del Torcal nos dirigimos hacia Marbella donde pretendemos subir al pico de la Concha, una montaña que pertenece a Sierra Blanca.

Llegamos al refugio de Juanar donde dejamos los coches y con las mochilas a  cuestas  emprendemos la marcha.

Empezamos caminando por un carril entre olivos y castaños hasta llegar a un antiguo cortijo. Continuamos avanzando por un pinar a cuya sombra crecen los helechos que cubren todo el suelo. El silencio del bosque es interrumpido por el crujir de la hojarasca bajo nuestros pies y el canto de algunos pájaros que revolotean entre las ramas.

El camino se convierte en senda que sube entre romeros y aulagas.

El esfuerzo me hace agachar la cabeza, así puedo admirar las pequeñas flores que alegran el camino con sus colores llamativos.

Al fin coronamos el puerto. Aquí hay un grupo muy numeroso de otra excursión que están reponiendo fuerzas después de la subida. Nosotros los imitamos y también sacamos los bocatas para el desayuno.

Desde aquí podríamos subir a la Cruz de Juanar, pero nosotros continuamos hacia la Concha  primero entre encinas que enseguida son sustituidas por palmitos, aulagas y jaras que adornan el camino con sus flores violeta.

A medida que vamos subiendo podemos contemplar Marbella y el mar Mediterráneo.

La vereda desciende y continúa colgada de la ladera, estamos en el Salto del Lobo por el que caminamos con precaución. Cuando llegamos arriba tenemos que esperar pues la excursión que va delante todavía no ha pasado y estos caminos no están hechos para tanta gente. Está visto que ya no estamos solos ni en los montes.

Continuamos hasta llegar a otro montículo que tenemos que rodear por la izquierda. Aquí hay otro paso complicado que sorteamos con prudencia.

Aparece a nuestros pies el embalse de la Concepción y el cordal se convierte en cresta por el que discurre  una hilera de gente que se dirige a la cumbre que ya tenemos al alcance de la mano.

Rodeados de gente llegamos a la meta donde descansamos y aprovechamos para contemplar el paisaje que abarca Marbella puerto Banús, Gibraltar y el mar con la silueta de los montes de África recortados al fondo.

Para la foto de grupo buscamos un lugar algo más solitario y emprendemos el regreso por donde hemos venido. El calor  hace mella en nosotros y volvemos a la sombra de las encinas donde desayunamos para comer.

Ya solo nos queda bajar y buscar un sitio para tomar un café y despedirnos hasta la próxima.

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