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Con las incertidumbre del tiempo que amenazaba lluvia, a las 8 de la mañana nos encontramos 16 compañeros dispuestos a seguir a nuestro a migo José Manuel que hoy nos va a guiar por la ladera sur de sierra Tejeda. Camino de Canillas, aparece en el horizonte la Maroma completamente cubierta de nieve. Hay quien tiene la tentación de dejar la excursión de hoy para otro día y acometer la ascensión al pico que se nos muestra tan tentador. Pero no hay cuorum y nos ceñimos al itinerario previsto. Una vez en el pueblo, dejamos los coches y nos encaminamos hacia la cueva de la Fájara. Después de las nevadas de estos días atrás, la temperatura es más alta de lo que esperábamos. Y aunque en el cielo hay algunos nubarrones, hoy nos vamos a librar de la lluvia. Bajamos por una senda bastante empinada que nos conduce al nacimiento del río Bermuza. Al pie de unos farallones brota un manantial de aguas transparentes, rodeado de grandes adelfas. Buscamos la entrada a la cueva que está cerca de aquí, y pertrechados con nuestras linternas, nos adentramos en ella perturbando la tranquilidad de sus moradores, los murciélagos. Aunque no parece que nuestras luces y ruidos les afecten demasiado, pues ninguno se mueve. La cueva es bastante grande. La adornan estalactitas y estalagmitas. En algunos tramos el techo es muy bajo. Más de uno se da un coscorrón. Dentro hay mucha humedad y pasamos calor. A Paco se le empañan las gafas. Cuando salimos al exterior, ha salido el sol. Después de estar en la oscuridad, todo parece más luminoso. Antes de reiniciar la marcha, comemos algo, tenemos que hacer acopio de fuerzas ya que a partir de aquí todo va a ser subir. Tenemos que superar un desnivel de más de 800 m. Cogemos una senda que pasa junto a algunas casas, para adentrarse en un pinar. Desde aquí vemos Comares encaramado en su atalaya, dominando el paisaje. También vemos el pantano de la Viñuela tendido en la llanura en la que también aparecen algunos pueblos de casas blancas. El camino continua subiendo. Sopla un viento muy fuerte que en ocasiones te desestabiliza. Pasamos junto a un pino cuyas ramas están todas en la misma dirección, las del viento dominante. Según me cuenta José Manuel a esta forma le llaman abanderado. Realmente parece una bandera ondeando al viento. Continuamos por la senda que bordea un barranco entre romeros, sabinas y enebros. Volteamos un par de lomas y ahora toca bajar hasta llegar a un depósito de agua. Es la hora de comer y este es un buen sitio. Después del bocata caminamos con más alegría. Además hasta pisamos un poco de nieve. Algunos no pueden resistir la tentación de tirar alguna bola. ¡Son como niños! En el punto más alto de nuestro ascenso nos hacemos la foto y a bajar se ha dicho. Llegamos a una antigua calera. Y enseguida alcanzamos el carril que llega al pueblo. Los que están más cansados deciden seguirlo. Otros continuamos con el itinerario marcado y subimos hasta el Peñón grande. Vamos a paso ligero y en unos 10 minutos llegamos a lo alto. La senda continúa descendiendo hasta la fuente de la Rábita. Vemos una antigua mina de hierro en un paraje muy bonito con unos grandes pinos, desde el que se divisa el mar. Desde aquí todo es bajar. Ya vemos Canillas de Aceituno abajo completamente blanco iluminada con la luz del atardecer. Aparecemos justo donde dejamos los coches. Y a la hora del café, por cierto, bien merecido. Bueno pues objetivo cumplido, ahora solo nos queda una hora de carretera y a casita a descansar que mañana es lunes. ¡Hasta la próxima! Esta fotito nos la manda nuestro amigo Paco Rama. Un saludo.
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