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Hoy se nos prometía un día tranquilo y relajado. Pero cuando Lola vio aparecer a José Manuel exclamó: ¡Pero si viene “el Fores” y viene solo! Y es que se temía que con él la cosa no podía quedar en una simple excursión a orillas del río. Pero bueno, empezaré por el principio. A las 7.30 de la mañana nos encontramos 12 amigos del Torcal y en nuestros vehículos nos dirigimos a Granada. Antes paramos en Riofrío para recoger a José Luis y José Antonio que vienen de Fuengirola. Después de algún que otro despiste llegamos a Monachil donde nos recibe el murmullo del río que hoy nos va a acompañar durante gran parte del trayecto y un tentador olor a churros. Vencida la tentación, nos colgamos las mochilas e iniciamos la marcha. Salimos del pueblo por un carril que discurre junto a huertas muy bien cuidadas en las que abundan los árboles frutales. Los cerezos están preciosos cargados con sus frutos rojos. No puedo resistir otra tentación más y cojo una cereza que me sabe a gloría. Parece contener toda la frescura del amanecer y el dulzor de esta espléndida mañana de primavera. Entretenidos admirando tanta variedad de árboles y flores que adornan el camino, subimos hasta un cortijo desde el que tenemos una bonita panorámica de Monachil con Granada al fondo tendida en la llanura e iluminada por el sol. Abandonamos el carril y tomamos un sendero que sube entre matorrales y pinos hasta un promontorio desde el que contemplamos un magnífico paisaje. Nos parece el sitio perfecto para desayunar. Seguro que no hay un restaurante que tenga mejores vistas que este. Abajo vemos el valle por el que discurre el río entre colinas verdes. Al fondo Los Peñones de San Francisco recortados en el cielo azul. Desde aquí podemos ver dibujados en la ladera que tenemos a nuestra derecha dos senderos. El de arriba nos llevará hasta la central de La Vega y el de abajo lo tomaremos para volver por los Cahorros. Pero José Manuel, que tiene muy buena vista, ve lo que parece ser otro bastante más arriba. Y este es el que le gusta a él. Desde aquí no podemos ver si baja al río, pero él dice que tiene que bajar y si no pues nos volvemos. Le ponemos alguna que otra pega, pero todos le seguimos. Sabemos que con él podemos pasar por sitios más o menos complicados, pero seguro que no nos perdemos El único más prudente es José Antonio que trata en vano de convencernos para seguir el camino más seguro. Pero al final todos vamos tras el sombrero del Fores. ¡No escarmentamos! Se trata de una senda muy estrecha que discurre en algunos tramos por la pendiente de la ladera con un suelo de tierra con poco agarre. Los agracejos parecen estar siempre en las zonas más estrechas obligándote a rozarte y naturalmente a pincharte con ellos. En otros trechos pasa por zonas más llanas y más amplias en las que puedes recrearte con la belleza de las flores que pintan de colores la hierba. Hay peonías, salvia, mejorana, lirios, margaritas y un sin fin de flores que adornan el camino. Atravesamos un arroyo, por suerte seco, de rocas enormes pulidas por el paso del agua. Y continuamos por un bosquecillo de encinas hasta un llanete coloreado de flores amarillas. Un sitio idílico para descansar. Pero nosotros seguimos, tenemos que buscar un camino que nos conduzca al río. Y efectivamente, aunque tenemos que desandar parte de lo andado, enseguida lo encontramos .Una senda en zigzag bastante cómoda que cruzando un puente nos lleva hasta la central de la Vega. Al final no ha sido para tanto, pero ante la propuesta de continuar para llegar a otra central que hay más arriba son solo tres valientes los que siguen a José Manuel. Los demás continuamos tranquilamente deleitándonos con la exuberancia de la vegetación. Nos refrescamos en la fuente de las Chorreras y comemos en un llano acompañados por el murmullo del agua. Tenemos tiempo hasta de disfrutar de una sosegada siesta antes de seguir camino de los Cahorros. Esta zona está muy transitada y en las paredes vemos gente escalando. El río sigue su curso hasta adentrarse entre paredes verticales de más de 30 m. Nosotros seguimos junto a él por una vereda cementada que cubre una conducción de agua. En algunos tramos las rocas sobresalen y tenemos que agacharnos y gatear para poder pasar. Continuamos por el túnel de Las Palomas hasta llegar a un puente colgante de más de 60 m. que cruza el río sobre una cascada. Este es el punto acordado para esperar a los aventureros. Nos entretenemos viendo a los escaladores y charlando hasta que llegan los demás. Continuamos nuestra ruta por una zona de escaleras y barandas y cruzamos otros puentes colgantes de menor tamaño. Atravesando huertas entre cerezos e higueras bajamos hasta la Central Eléctrica de Tranvías, llamada así porque en su día suministraba energía a este medio de transporte. Después de refrescarnos en su fuente seguimos hasta llegar al carril que esta mañana nos trajo desde el pueblo y por el que regresamos a los coches. Pero antes de volver a nuestras casas hacemos un alto en el bar “La Barbería” donde nos cobramos nuestra merecida recompensa, unos toman té con dulces marroquíes, otros cervezas con tortilla de patatas. Menú internacional. Aunque sin duda no hay mejor recompensa que haber disfrutado en tan buena compañía de estos caminos que nos han mostrado rincones de singular belleza.
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