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Hoy hemos madrugado, a las 7 de la mañana ya estábamos en la plaza de toros, donde nos esperaba el autobús. Tras poco más de dos horas llegamos a Capileira, en las Alpujarras granadinas. Nuestro objetivo era dirigirnos al barranco del Poqueira para volver a Capileira, después de pasar por Pampaneira y Bubión. La temperatura es estupenda. Con nuestras mochilas al hombro, atravesamos las calles del pueblo, a estas horas dormido y salimos a un camino junto a unas huertas en las que abundan los árboles frutales. Los cerezos están preciosos cargados de frutos. Frente a nosotros se recorta la silueta del Veleta en el cielo azul. Todavía se ven manchones de nieve en la sierra. Primero bajamos al puente de Buchite, no sin dar algún que otro paso atrás. Nuestro guía todavía no se ha despertado del todo. Después lo hicimos al de Chiscar. El río Poqueira pasa por aquí bullicioso saltando sobre las rocas alegremente. Cruzamos el puente y seguimos por un sendero que discurre entre nogales, castaños, robles...Las gayumbas alegran el paisaje con sus vistosas flores amarillas y perfuman el aire con su olor dulzón. También vemos rosales silvestres cargados de flores. El camino sube y el calor aprieta. Frente a nosotros colgados de la ladera del monte aparecen los pueblecitos blancos en los que destacan las torres de sus iglesias. Bajamos hasta otro puente. El río se precipita con gran estruendo en espuma blanca para luego seguir su curso más tranquilo. Llegamos a Pampaneira. Calles estrechas y blancas con coloridas macetas. El agua corre por canales refrescando el ambiente. Llegamos a la plaza, hay muchas tiendas de recuerdos en las que cuelgan jarapas multicolores. ¡Y terrazas con mesas y cerveza! Esto es la perdición de casi la mitad del grupo. Después de tomarse una cerveza fría cómodamente sentado bajo la sombra de un gran árbol, ¿quién se mueve? Como decía Inma, la tentación es grande y la carne débil. Para colmo, llega un músico callejero con su acordeón. Definitivamente se quedan aquí. Los demás continuamos. Nuestro camino nos saca del pueblo por calles empinadas. Pronto dejamos el pueblo abajo. Vemos sus tejados típicos coronados por chimeneas. Enfrente la ladera del barranco por la que vinimos antes, coloreada por distintos tonos verdes. He de confesar que mientras me caían gotas de sudor, me imaginaba a mis compañeros ante un suculento plato. Suerte que tardamos poco menos de media hora en llegar a Bubión donde nos recibió una fuente cantarina que nos reconfortó. Atravesamos el pueblo y tras un Km. de carretera, llegamos a nuestra meta, Capileira. Nuestro improvisado comedor, tampoco estaba nada mal, un banco de piedra bajo la sombra de un gran olmo que esparcía sus semillas blancas por todos lados. Y una fuente de agua fresca. Nos pasamos la bota del vino y cominos nuestros bocatas. Después café y helado en la terraza del bar del tilo que nos regaló su sombra. ¡Qué más se puede pedir! En fin que hoy el día ha sido a gusto de todos. Bien es verdad que no solo de subir y bajar montes vive el hombre. Y no está mal de vez en cuando una cerveza que nos alegre el ánimo y más si va acompañada de buen jamón y un plato alpujarreño. Volver al inicio de esta página Volver a Actividades realizadas Volver a la página principal |