Ha amanecido nublado y las previsiones para hoy son de lluvia, pero eso no ha impedido que seamos un grupo numeroso los que nos encontramos esta mañana de domingo para recorrer los caminos detrás de nuestro amigo José Manuel que nos hará de guía.

            Caminar tras él tiene sus riesgos, pero todos sabemos a los que nos exponemos y seguro que nos divertiremos.

            En coche nos dirigimos hacia Villanueva del Trabuco donde nos espera nuestro nuevo amigo Jesús que viene de Archidona.

            Atravesamos el pueblo y dejamos el asfalto para circular por un carril que discurre entre altos pinos y  conduce a la fuente de los 101 caños.

            Dejamos los coches antes de llegar a dicha fuente y desandamos parte del carril.

En animada charla caminamos por un sendero que poco a poco se empina y nos hace entrar en calor. Subimos por una cañada preciosa hasta un terreno más llano en el que entre los pinos crecen  cornicabras algunas encinas y espinos. Los  matagallos que ahora están preciosos en flor nos alegran la vista. Huele a hierba mojada a pino y a mejorana. La primavera se ha instalado en este lluvioso mes de Mayo vistiendo de verde esta sierra.

 Nos reagrupamos y continuamos ahora más cómodos pues la senda llanea, hasta llegar a un espacio más abierto cubierto de gamones que sobresalen entre la hierba. Este es el sitio perfecto para el desayuno.

Con energías renovadas continuamos nuestra marcha. Poco más adelante nos encontramos con la dificultad del día, un terreno cubierto de rocas de aristas afiladas entre las que tenemos que saltar y hacer equilibrios, pero nada que no podamos superar y todos salimos airosos de la prueba.

La senda baja entre encinas y quejigos hasta una nava en la que los rosales silvestres ponen el toque rosa. Entre la hierba crecen multitud de flores pequeñas, blancas, amarillas y azules.

Vemos rincones de singular belleza, grupos de encinas a cuya sombra se protegen las peonías todavía en flor.

 Pasamos por una cantera que afea el paisaje y atravesamos un carril para volver al pinar.

Nuestro caminar nos conduce hasta una atalaya frente a la que tenemos el Chamizo, en el que se han colgado algunas nubes, Los Tajos de Gómer y el Vilo. Abajo tendido en la llanura vemos Villanueva del Trabuco.

Nos detenemos para apreciar el paisaje y las flores que crecen entre las rocas. Pero empiezan a caer algunas gotas, sacamos los chubasqueros y retomamos la senda  hasta llegar a un llano en el que hay una charca cubierta de plantas acuáticas de flores blancas, creo que son ranúnculos.

También aquí hay que pararse para admirar el paisaje, además aprovechamos este magnífico decorado para hacernos la foto de grupo.

En cuanto continuamos el sol se abre paso entre las nubes y deja de llover. Ahora solo nos queda bajar hasta los coches  por una senda entre rocas.

Abajo se extienden las tierras de labor formando  un mosaico de cuadros verdes y marrones cubierto por un manto de nubes blancas y grises sobre fondo azul.

            Antes de irnos llegamos hasta la fuente de los 101 caños donde los más juguetones salpican agua a unos y otros.

            Bueno y llegada la hora de comer nos dirigimos a una de las ventas que hay por aquí donde degustamos una copiosa comida.

 Buen colofón para un día en el que hemos recorrido unas sierras que me han sorprendido por la belleza de sus bosques de sus navas y de sus magníficos paisajes. Está claro que no hay que ir lejos para disfrutar de los incomparables tesoros que nos brinda la naturaleza. 

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