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10 de Junio de 2007. LAGUNA DE LAS YEGUAS-CHORRERAS DEL MOLINILLO Hoy, por ser una de las últimas salidas de la temporada, vamos a hacer una excursión espectacular por Sierra Nevada. A las nueve de la mañana nos encontramos en el Hoyo de la Mora los integrantes de la expedición, que en esta ocasión somos trece. Hace una mañana estupenda, pues no corre viento y la temperatura es muy agradable. Algunas nubes grises pasan sobre el Veleta, que tenemos frente a nosotros todavía cubierto de nieve. Nos tomamos la marcha con tranquilidad, disfrutando del paisaje y de la charla con los compañeros. Enseguida llegamos a la estación del telecabina de Borreguiles. Desde aquí empezamos a dar vistas a las laderas que cierran el circo bajo el que se hallan los Lagunillos de la Virgen. El paisaje se transforma y cambiamos el suelo de piedra suelta por otro mullido de hierba que resuma agua, a veces en riachuelos que tenemos que sortear, otras en manchones de nieve blanca y fría. De ahora en adelante el sonido que nos acompañará será el del agua que baja desde las cumbres nevadas. Unas veces deslizándose suavemente por las laderas verdes, otras socavando túneles bajo la nieve, o saltando atropelladamente formando cascadas ruidosas, hasta dar forma al río Dílar mucho más abajo. En la laguna de las Yeguas hacemos la parada para desayunar. Una capa de hielo cubre parte de su superficie azul. Desde aquí podemos ver las chorreras del Molinillo. Continuamos caminando sobre la nieve que se hunde bajo nuestros pies, hasta llegar a los Lagunillos. Están completamente cubiertos de nieve. En algunos sitios se ha derretido formando lagunas en las que se refleja el cielo ¡Es todo un espectáculo! Ahora todo es bajar sobre un suelo verde en el que diminutas flores aprovechan la bonanza del clima para desplegar todos sus colores. Si miramos atrás vemos las laderas escarpadas blancas de nieve en contraste con las lomas onduladas, verdes de hierba, que tenemos delante. Encima, el cielo azul sobre el que navegan nubes blancas. Bajando entre piornos, llegamos al río. Lo cruzamos. Ante nosotros tenemos las chorreras del Molinillo. Tres riachuelos que convergen en uno, deslizándose por la ladera desnuda de la montaña, precipitándose al río en una cortina de espuma blanca. Ya es la hora del bocata. Y que mejor sitio que este. Seguro que ningún restaurante tiene unas vistas tan magníficas. Todo nos sabe a gloria. Con más energías afrontamos la última subida hasta un sendero que nos conduce de vuelta a la estación de Borreguiles. Desde aquí continuamos por la carretera y enseguida damos vistas al monumento de la Virgen de las Nieves que nos anuncia que los coches están cerca. Tomamos un café y nos despedimos hasta la próxima. Ha sido una excursión preciosa. Hemos asistido al deshielo y al nacimiento del río Dílar. Además hemos podido comprobar, lo que nuestro amigo José Antonio ha dado en llamar “el efecto kiko”. A saber: una bolsa de frutos secos que ha estado a nivel del mar (Fuengirola), a 3000 m. de altura se hincha. Eso mismo le ha debido de suceder a uno de los miembros del grupo, que se ha tenido que ir escondiendo detrás de las piedras para deshincharse. Pero a pesar de estar tan malito ha cumplido como el que más. A eso le llamo yo un tío fuerte.
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