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Este
domingo me he levantado con ganas de campo, así que José Manuel me ha
dado una buena ración, a mí y los otros veintitrés “amigos del torcal”
que nos presentamos.
Nuestra
marcha comenzó a la salida de Casarabonela, nos dirigimos, en un
principio, a la fuente Hornaos, que según rezaba el cartel estaba a 2,5
km. Subimos por un sendero que atraviesa el llano de Cristóbal, y por
donde ya se nota que ha llegado la primavera, florecillas violetas,
amarillas… coloreaban nuestro camino.
Al fin
llegamos a la fuente, que estaba escondida en una espesa zarza, y digo
al fin, porque ahí era donde desayunamos.
El
camino seguía ascendiendo, y mientras subíamos contemplamos la Huma,
Campillos, Teba. Llegamos a un carril, donde había aparcado un coche en
el que se quedaron clavados los ojos de más de uno, “¿quién lo
pillara?”.
Abandonamos el carril y tomamos un pequeño sendero, seguimos subiendo.
Menos mal que la charla es animada y no se hace pesado el camino.
Cruzamos
una valla que resguarda de animales una plantación de pinsapos, pocos
han agarrado.
Llegamos
a la parte más alta del sendero y hacemos un pequeño descanso donde
algunos deciden volverse, así que continuamos los que alguno llamó “los
valientes”, pero que yo llamaría “los inconscientes”.
Aquí
empieza la aventura, primero bajamos por una ladera muy empinada, por un
camino de piedras sueltas, que se desdibuja de vez en cuando, aquí me
caigo por primera vez.
Abajo
encontramos una fuente, aunque sin agua, pero es buen sitio para comer.
La comida más merecida la comida del campo. Echamos unas risas y
descansamos un poco. Pero nada de reposar la comida, hay que ponerse en
marcha. Y volvemos a subir.
En
principio seguimos un camino lleno de aulagas que, según algunas, son un
buen exfoliante para la piel.
Pronto
se acabó el camino, y descubrimos el sentido literal de la literaria
frase “caminante no hay camino, se hace camino al andar”, subimos al
pico de Sierra Prieta haciendo honor al nombre del Tajo de la sierra (La
cabrilla). Entre risas, nervios, dudas, y alguna caída, coronamos la
cumbre. Y para que quede constancia dejamos una nota en el buzón.
El
esfuerzo había merecido la pena, desde donde estábamos veíamos Alozaina,
Pizarra, Málaga y su playa…contemplamos la inmensidad. Pero poco rato,
porque una vez hecha la foto de grupo, a bajar toca.
Esta vez
seguimos el camino, y aunque en principio es empinado (me vuelvo a
caer), luego es un camino bastante suave.
Por el
camino encontramos una extraña señal. En un poste encontramos una bolsa
con una nota: “Nos hemos ido, vamos a buscar un bar”, por supuesto
tienen que ser la parte del grupo que no subió al pico.
Así que
nos damos prisa en volver, también queremos nuestra recompensa.
Ha sido
un día emocionante, y divertido, así que (a pesar de lo que me quejo)
pienso repetir. |