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Aunque teníamos previsto despedirnos del año subiendo al “Camorro de Chimeneas”, por circunstancias que no vienen al caso, a última hora decidimos hacerlo en la sierra de “Las Cabras”. Tampoco es mal sitio. Además, el sol ha querido unirse a nosotros y nos ha obsequiado con un día espléndido. A las ocho de la mañana, partimos en nuestros coches hacia la “Yedra”. Desde donde iniciamos la marcha. Saltamos una valla. Subimos por un sendero de cabras que nos hace ganar altura. Paramos un poco para tomar aire y contemplar el paisaje. La niebla de la mañana envuelve llanos y montes con un velo de bruma que el sol va disipando poco a poco. Continuamos. Algunos lirios asoman entre las piedras, luciendo su llamativo color morado. Ante nosotros aparecen “los llanos de Juan Díaz”. Un mar verde entre rocas grises. Ahora tenemos que superar una fuerte pendiente para llegara al pié del pico. El camino discurre por un bosquecillo de espinos, olmos y arces. Troncos y rocas están cubiertos de musgo. Aquí tiene que llegar poco el sol. Entre la hojarasca crecen algunas setas que los entendidos cogen. Aunque las que más abundan son las malas. Llegamos a lo alto. Un balcón sobre el Puerto del Barco y la autovía. Al fondo vemos Casabermeja. Ya solo nos queda una última atacada para alcanzar nuestro objetivo. La marcha por aquí se hace más penosa por lo abrupto del terreno. La roca caliza se ha adueñado de todo. Pero al fin, todos llegamos a la meta. A nuestro alrededor contemplamos pueblos blancos y sierras grises. Sobre nosotros el cielo completamente azul. Algunos buitres aparecen planeando con sus enormes alas. Colocamos una placa con la inscripción: “CLUB DE MONTAÑA AMIGOS DEL TORCAL, NAVIDAD 2006. Y sacamos el anís y los mantecados, que es lo típico de estas fechas. Brindamos deseando que el próximo año sea, al menos, como este que dejamos atrás. Y tras la foto, nos toca volver por donde vinimos. Bajamos a “los llanos de Juan Díaz” por una senda que desciende suavemente. A nuestra izquierda, paredes grises cubiertas de yedra y musgo. Hay algunos espinos desnudos ya de hojas y frutos, parecen muertos. Caminamos sobre hierba verde, hasta dar con el sendero que nos conduce hasta el canuto por el que pretendemos bajar. Cuando llegamos, lo vemos muy complicado y discutimos si bajamos por aquí, o subimos la loma para bajar a la carretera más fácilmente. Al final todos optamos por lo más difícil. El primer tramo es el peor, pues el terreno es liso y resbaladizo y no hay donde agarrarse. Pero una vez superado, podemos ir descendiendo con más seguridad agarrándonos a las rocas. Vemos una cueva cubierta de hiedra. En el fondo del barranco crecen zarzas y espinos. En algunos pasos tenemos que agarrarnos a las rocas haciendo equilibrios. Aquí nos vendrían bien las técnicas de escalada. Pero tras pasar una alambrada tenemos los coches a nuestro alcance. Saltamos otra valla, y ¡fin del trayecto! Los que no se atreven con las marchas duras hoy han superado la prueba. Se merecen un aplauso. Y sobre todo nuestro amigo José Antonio que a pesar del vértigo hoy ha conseguido terminar este recorrido que no superó unos años atrás. Ya solo me queda desearos a todos una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo en el que sigamos descubriendo y compartiendo nuevos y viejos caminos
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