Hoy ha tocado de nuevo otro "Cancaneo por el Torcal". También con novedades. Por un parte hemos echado de menos a Antonio y Sole, que por motivos de salud de su padre no nos han podido acompañar. Deseamos un pronto restablecimiento. Por otra parte nos han acompañado dos nuevas incorporaciones, Esther y su amiga checa, que, como puede observarse fueron bien recibidas.

Y como Sole no ha podido hacer la crónica de la jornada, nuestra amiga Rocío ha tomado el testigo literario y nos ha escrito este magnífico e impresionante diario de ruta.

El Torcal (11/03/07)

 Veintiún amigos nos reunimos a las ocho de la mañana con dirección al Torcal. La ruta no estaba marcada, pero cabe decir, que se improvisó bastante bien.

Amaneció un día magnífico; cielo despejado, sol radiante, y una brisa fresca de mañana. El Torcal se despertaba precioso, mostrándonos los primeros reflejos de la primavera.

A muy buen paso alcanzamos el Sombrerillo. Poco después nos encontramos con el mástil del Torcal y sus maravillosas vistas, y a pocos pasos más adelante, a eso de las once, aprovechamos para tomarnos nuestro merecido aperitivo, acompañados de un horizonte espectacular donde destacaba Antequera acompañada de la Peña.

Con las fuerzas renovadas, proseguimos nuestro camino. Nuestro objetivo era el Cáliz. Caminábamos a buen ritmo, el paisaje era admirable, el aire fresco y limpio, todo parecía perfecto y dotado de armonía, pero en el ambiente algo se echaba en falta, ya que nuestro guía era Jose Manuel. Comenzamos a introducirnos por unos senderos poblados por ramas, piedras y las espinas de infinidad de plantas. Una vez terminada esta parte, iniciamos el ascenso por las rocas. Subimos, bajamos, saltamos e hicimos infinidad de acrobacias para llegar a nuestro objetivo; hubo momentos de mucha tensión, pero nada que no se pudiera arreglar con unas cuantas risas en la cumbre donde hicimos la tradicional foto de grupo.

La bajada fue digna de admiración. Pusimos en práctica una curiosa técnica para bajar paredes verticales, se inventó un sistema para bajar las mochilas, se evaluó la habilidad para atravesar grietas y se puso a prueba el compañerismo del grupo, que resultó sobresaliente.

El regreso a los coches fue tranquilo, y pese a que andábamos un poco desubicados, recompensaba los esfuerzos de horas anteriores.

Cabe destacar hechos como el encuentro del “casco cornamentado” de Manolo, el destape de Reinaldo, quien se quitó el chaquetón a las doce de la mañana, y la presencia de Carlos, que fue de gran importancia para todos.

Creo que hoy ha sido otro domingo difícil de olvidar.

.

 

Volver al inicio de esta página     Volver a Actividades realizadas     Volver a la página principal