DATOS TÉCNICOS:

Recorrido: 23 kilómetros

Altitud salida: 1.350 metros

Altitud máxima: 1.919 metros

Altitud llegada: 760 metros

 

           Hoy hemos hecho una excursión muy bonita.

            Ya en la carretera, el amanecer pintó de rosa las nubes, augurándonos un día estupendo.

            El autobús nos deja en el área recreativa de las Quejigales.

            La temperatura es algo fresquita, pero pronto entraremos en calor. Nos espera una fuerte subida por la cañada del Cuerno.

            El sendero sube entre pinsapos  centenarios de formas retorcidas. Los más jóvenes se hacen sitio en los espacios que dejan los que han caído de viejos.

            Llegamos al puerto de los Pilones.

            El camino discurre por una zona llana salpicada de árboles de formas atormentadas. Son quejigos muy viejos, parecen muertos, a la espera de que la primavera, aquí más tardía, revista sus ramas de hojas nuevas.

            Hay multitud de enebros y sabinas, pegados al suelo.

 A nuestra derecha, nuestro primer objetivo, “El Torrecilla”

Pasamos junto a un pozo de nieve reconstruido. Continuamos nuestro camino por un torcalillo. Ante nosotros se extiende un paisaje magnifico, podemos adivinar la Camorra, el Torcal, la sierra de Alcaparaín, sierra Prieta...

Próximos ya al Torrecilla llegamos a una nava. Hay una fuente con agua muy fría y unos pilones. También la imagen de una virgen en una cueva.

Tenemos al alcance de la mano nuestro objetivo, solo tenemos que superar la pendiente que nos separa de la cumbre. Pero aquí estamos ya, contemplando el paisaje, después de recuperar el aliento.

Lástima que la bruma nos impida ver todo cuanto esta sima nos ofrece. Aunque el esfuerzo ha merecido la pena.

Después de las fotos para el recuerdo, bajamos. Continuamos ahora en dirección al Peñón de los enamorados.

Desandamos parte de lo andado hasta dar con el sendero, primero llaneando y luego subiendo algo. Enseguida tenemos ante nosotros la silueta inconfundible del Peñón.

Llegamos a sus pies, en un llano cubierto de hierba que nos va a servir de comedor, ya es la hora.

Después de los bocatas y el merecido descanso, continuamos la marcha.

Ahora el sendero baja por un terreno cubierto de piornos que le dan al paisaje un aspecto muy especial. Parecen cojines y colorean el suelo con sus distintos tonos verdes.

Volvemos a internarnos entre pinsapos. Vemos uno con forma de candelabro. Manolo no puede resistirse y se sube a él.

Hay plantas aromáticas, mejorana y romero. Algunos narcisos amarillos, adornan el suelo.

También hemos podido ver las flores del pinsapo, parecen diminutas piñas rojas.

Salimos del bosque y llegamos a la plataforma. Ahora solo nos quedan seis Km. hasta Junquera donde nos espera el autobús.

 

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