Este domingo, por fin, vamos a complacer a uno de nuestros socios, realizando una excursión por la vía verde de la sierra.

         El autobús nos esperaba a las 8 de la mañana, aunque salimos con retraso pues hoy la puntualidad ha brillado por su ausencia.

         Después de muchos kilómetros y muchas curvas, llegamos a la estación de Coripe, uno de los accesos de esta vía verde.

         Nada más empezar a andar atravesamos un túnel de los muchos por los que transcurre el itinerario.

         En poco más de una hora llegamos a la estación de Zaframagón, hoy centro de interpretación de la naturaleza, y a la que da nombre el peñón que se haya pocos metros más adelante.

         Aquí hay una de las colonias de buitres leonados más importantes de Andalucía. Desde luego sus paredes verticales son un lugar idóneo para que aniden estas aves que surcan el cielo con su majestuoso vuelo.

         El peñón lo atraviesan las aguas del Guadalporcún. Poco más arriba pasaremos sobre ellas por un viaducto.

         Seguimos caminando entre espinos que están preciosos cargados de sus frutos rojos, también vemos madroños, algarrobos. Abunda el lentisco que también está adornado por sus diminutas bayas rojas.

          Pasamos otro túnel, aparece un paisaje de praderas.

 En el horizonte se recortan los perfiles de la sierra de Líjar. Nubes de algodón flotan en el cielo azul, pero en ningún momento tapan el sol para mitigar el calor.

Pasamos por fincas ganaderas, los toros pastan a sus anchas sobre colinas onduladas salpicadas de encinas.

A la hora de comer llegamos a la estación de Navalagrulla.

Sacamos los bocatas y la bota de vino y damos buena cuenta de todo. Nos sabe a gloría.

Los edificios están en ruinas. Resulta difícil imaginarse  a los pasajeros en el andén. Estamos lejos de todo. ¿Quién podría venir aquí a coger un tren?

Continuamos la marcha, que después de comer se hace pesada. Hace calor. Menos mal que seguimos pasando por túneles, en su interior se está más fresco. Dentro retumban nuestras voces.

 Nos cruzamos con muchos ciclistas que nos saludan. Esta ruta es estupenda para hacerla en bici. Andando se hace un poco monótona.

Ya estamos cerca de Olvera. Ahora las colinas están punteadas por cientos de olivos y algunos cortijos blancos. El camino está asfaltado y es de color amarillo. ¿No debería ser verde?

Por fin aparece la estación que como todo el camino por donde hemos pasado nunca vio un tren. Ahora es un hotel.

Un refresco, la foto de rigor y otra vez al autobús para volver a casa.

Nos volveremos a ver el próximo domingo.

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