Datos técnicos.-

Distancia aproximada: 22 kilómetros.

Duración: 12 horas.

Altitud de salida: 454 metros.

Altitud mínima: 320 metros.

Altitud máxima: 930 metros.

Altura ascendida: 1266 metros (ida y vuelta)

 

* Información del lugar.- 

Los Cahorros se encuentra en el cauce alto del Río Chillar, en el Parque Natural de Sierra Tejeda-Almijara. La longitud del río es de unos 17 km., nace en la piedra sillada, muy cerca de la provincia de Granada y desemboca en la playa de La Torrecilla.

El principal encanto del río es la variedad de su curso ya que se alternan las pozas, donde se puede disfrutar de sus aguas cristalinas, y los estrechamientos, entre moles rocosas, que en algunos tramos apenas superan el metro de anchura.

Es famoso por sus impresionantes "Cahorros o Cajorros", estrechos pasos en el desfiladero de paredes verticales. Es otro de los ríos de aguas permanentes en estas sierras, aunque su recorrido corto y aprovechamiento humano de sus aguas (producción eléctrica, regadío agrícola y consumo) le restan valor natural.

La orografía ya no puede ser más escarpada. Sus flancos son prácticamente verticales, con desniveles de más de 300 m., sobre todo en su vertiente derecha aguas arriba, donde el tajo del Almendrón, el pico Nido de buitres y el Tajo del sol se erigen en paredes sobrecogedoras. Al fondo, la Cadena y Piedra Sellada constituyen una auténtica barrera transversal infranqueable.

* Descripción de la jornada.-

Como todavía hace buen tiempo la primera salida de la temporada la vamos a hacer por el río Chillar en Nerja.

            A las siete de la mañana unos cuantos miembros del club junto con otros amigos, nos vimos en la plaza de toros, nuestro punto de encuentro.

            Era completamente de noche y empezaron a caer algunas gotas. Pero a medida que nos íbamos acercando a nuestro destino, las nubes se fueron disipando y el sol iluminó la mañana y un cielo completamente azul nos dio los buenos días.

            La primera sorpresa del día fue que una cadena con candado nos impidió el paso hasta el área recreativa “El Pinarillo” , por lo que tuvimos que sumar 10 Km. más a los 15 Km. que teníamos previsto.

            Sin desanimarnos por ello, cogimos nuestras mochilas y seguimos el carril entre pinos que alejándonos del mar, nos adentraba en la sierra.

En poco más de una hora llegamos a “El Pinarillo”, comimos algo y continuamos enseguida.

           

 

 

 

El camino sube por la cuesta de los Galgos hasta llegar a un carril que bordea un barranco de paredes verticales en las que se agarran los pinos de forman inverosímil . Al fondo se adivina el río. Vemos cabras que trepan por las rocas ágilmente.

El carril se convierte en sendero que baja muy empinado por el barranco del Contadero hasta el canal, que hoy está seco.

Hemos llegado a la presa. Aquí hay unas casas en ruinas. Ahora tenemos que cruzar el río y seguir una senda entre adelfas zarzas y juncos. Volvemos a cruzar y llegamos a un llano “Los pradillos” flanqueado por un cerro, El Cerrajón, que tendremos que bordear. Enfrente se alza altivo el Almendrón. Desde aquí tendremos que continuar por el cauce del río, entre adelfas y zarzas que se empeñan en arañarnos.

            Los zapateros se deslizan tranquilamente sobre el agua y las libélulas vuelan ajenas a nuestro paso.

Llegamos a una de las zonas más bonitas del recorrido, el cahorro del Imán. Las orillas del río son aquí dos paredes verticales que apenas dejan pasar el sol. Las adelfas buscando la luz han crecido mucho. Hay una higuera enorme de hojas de un verde brillante. Por una de las  paredes, con formas curiosas, chorrea el agua y está tapizada por culantrillos, musgo y otras plantas que la adornan con sus distintos tonos de verde.

            Decidimos que este es un buen sitio para comer, acompañados por el rumor del agua y los tabarros que quieren hacerse con el bocata de alguno.

           

Tenemos que seguir.

            Enseguida llegamos a otro cahorro mucho más estrecho, por el que se precipita el río sobre rocas enormes pulidas por el agua. Tenemos que subir con cuidado para no resbalar. Trepamos como podemos y paramos un poco para contemplar las paredes que encajonan el río y casi se tocan.

 

Seguimos por una selva de adelfas que no quieren dejarnos pasar.

            Llega un momento en que se acaba el río. La sequía de este año nos  ha impedido contemplar la cascada que esperábamos ver al final del camino.           

            Algo decepcionados volvemos por el mismo sitio.

            Cuando llegamos a las casas de la presa, nos encontramos una cabra metida en el canal que no puede salir. Menos mal que allí estaba Juan, que valientemente la cogió y la sacó.

            A las nueve de la noche estábamos de vuelta en los coches. Arañados y cansados, pero dispuestos para la próxima.      

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