DATOS TÉCNICOS

Recorrido: 21 kilómetros

Duración: 6 horas y 45 minutos.

Altitud mínima: 116 metros

Altitud máxima: 304 metros

 DESCRIPCIÓN DE LA JORNADA:

5 de diciembre de 2005

Hoy hemos quedado temprano, a las 7 de la mañana, pues nuestro destino está casi a dos horas en coche. Salimos de noche y en el camino una luz lechosa iluminó la mañana de asfalto mojado y un cielo gris que nos acompañaría prácticamente todo el día.

Cerca de las 9 apareció Hornachuelos entre la bruma. Como el centro de visitantes donde tenemos que recoger los permisos, no abre hasta las 10, aprovechamos y tomamos un suculento desayuno.

Con el estómago lleno y los permisos en nuestras manos, iniciamos el recorrido. Vamos a unir en uno circular, dos de los senderos lineales señalizados, el del Águila de 12 Km. Y el del río Guadalora de 7 Km.

La temperatura es algo elevada y el alto grado de  humedad, da más sensación de calor. Hoy no vamos a necesitar abrigos.

El camino nos lleva primero subiendo y luego por un llano, hasta un quejigo enorme con el tronco cubierto de musgo, que nos parecía el fondo perfecto para una foto de grupo.

Subiendo y bajando entre encinas y alcornoques, algunos con los troncos rojos después de la saca del corcho, llegamos hasta el río. A su lado discurre el sendero entre árboles vestidos de otoño y arbustos como el lentisco adornado con sus frutillos rojos. También hemos visto algunos madroños en flor y con sus llamativos frutos amarillos y rojos. Un sin fin de plantas minúsculas tapizan el suelo de verde.

Alrededor de las 2 llegamos a un llano cubierto de hierba, salpicado de flores amarillas y rodeado de montes verdes.

            Nos parece un buen sitio para comer, así que sacamos botas y bocatas, y a reponer fuerzas.

Continuamos la marcha y al poco, tras pasar una cancela, iniciamos el segundo recorrido, que como su nombre indica pasa junto al río Guadalora.

Los árboles han alfombrado el suelo con las hojas caídas. El río va seco, pero la banda sonora la ponen los pájaros con sus trinos.          Pasamos junto a las ruinas de un molino. Nos podemos hacer una idea de cómo vivían y utilizaban los recursos antiguamente. Subimos un puerto, desde lo alto se ve todo el valle con el río al fondo y los montes cubiertos de árboles verdes y salpicados de tonos ocres y amarillos. A partir de aquí todo es llano. Pasamos por una dehesa preciosa, un llano salpicado de alcornoques con un suelo verde de hierba.

Se pone  llover. Un cartel nos indica que solo nos quedan 400 m. hasta el centro de visitantes, nos parecen muchos más.           Cuando llegamos a los coches escampa.

Ya camino de vuelta, el cielo parece una acuarela pintada con manchas azules y grises. Y el sol, un incendio sobre el horizonte, viste la tarde con una tenue luz dorada con la que nos despedimos de Hornachuelos.

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