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Después de haber aplazado esta excursión por mal tiempo,
hoy, por fin, la vamos a hacer, a pesar de que las predicciones no son
demasiado favorables.
A las siete de la mañana, unos cuantos valientes,
diecisiete, estábamos dispuestos para conquistar “el Cielo”.
Y ciertamente el cielo hay que ganárselo, pues hemos de
superar más de mil metros de desnivel.
Poco después de las ocho estábamos en Nerja. Aunque había
algunas nubes y soplaba viento, la mañana se presentaba estupenda para
iniciar el camino.
Empezamos la marcha por un carril entre pinos y siempre en
ascenso. Unos palos con flechas nos invitaban a abandonar el carril para
acortarlo siguiendo por un sendero.
Pronto llegamos a una zona más llana donde está el cortijo
de “La Civila”. Este nos pareció un buen sitio para desayunar. Hay
algunos almendros en flor y al fondo se ve el mar.
Continuamos la marcha, cada vez más cuesta arriba. Caminamos
entre romero, tomillo, esparto, jara, enebro... También hay boj, que
según nuestro amigo José Manuel, es una planta protegida.
El sendero va serpenteando, dando vistas al mar en algunas
de sus curvas.
El viento sopla fuerte y hace frío.
Continuamos el ascenso. A unos mil metros de desnivel el
paisaje se vuelve espectacular y podemos contemplar magníficas vistas de
la costa.
Bajo nosotros, suaves colinas verdes, Nerja placidamente
tendida al sol y el mar, una inmensa llanura azul. Sobre el horizonte
algunas nubes de algodón parecen barquitos uno detrás de otro, en
formación.
Continuamos subiendo. Un par de cabras corren a esconderse
de nuestras miradas.
Ahora apenas hay vegetación y la pendiente es cada vez más
fuerte.
Soplan algunas rachas de viento que parece que te van a
tirar. El suelo está helado y empiezan a caer algunos copos minúsculos
de nieve.
Por fin, llegamos a la cumbre.
Sopla un viento helado, estamos muertos de frío. No podemos
detenernos para contemplar el paisaje, seguro que magnífico. Nos hacemos
la foto de rigor y enseguida empezamos el descenso.
Después de un pequeño despiste encontramos el camino por el
que subimos y en cuanto bajamos un poco, la temperatura se templa algo.
Siguen cayendo copitos que solo vemos en nuestra ropa un
momento, antes de que el aire se los lleve volando.
Volvemos al cortijo de “La Civila” para comer y a las cuatro
estábamos tomando café en un bar.
Ha sido una excursión muy bonita. Lástima que el viento no
nos ha dejado disfrutar del “Cielo”.
Tendremos que seguir intentándolo.
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