DATOS TÉCNICOS: 

Distancia aproximada: 10,3 kilómetros.

Duración: 3 horas y media.

Altitud de salida: 

Altitud máxima: 1.400 metros

 

 

La excursión de hoy ha sido todo un éxito, en cuanto a participación.

A las 8 de la mañana, nos encontramos en la plaza de toros 31 amigos, entre socios y  simpatizantes. Después de los saludos pertinentes, dirigimos nuestras ruedas hacia Alfarnate. Allí nos estaba esperando el furor de Fuengirola, José Antonio.

Aparcamos cerca del campo de fútbol, punto de partida de hoy y con nuestras mochilas al hombro comenzamos la marcha.

Cogimos un carril ancho y empinado que pronto nos hizo ganar altura. Hacia una mañana clara y la temperatura, elevada para la época del año en que estamos. El esfuerzo  nos hacia sudar, parando de vez en cuando para tomar aire y poder contemplar el paisaje.

A nuestra derecha, aparecía El Tajo de Gomer, una masa gris plantada sobre la llanura.

Al poco el carril se convierte en un bonito sendero que nos conduce hasta una antigua era, magnifico escenario de una foto de grupo. Continuamos entre pinos, hasta una pequeña  llanura, verde de hierba y salpicada por algunos espinos, desnudos de hojas y coloreados por sus llamativas bayas rojas, delante tenemos El Vilo. Un letrero de P.R. nos indica que quedan 5 minutos.

 

 

Sorteando piedras, llegamos a la cumbre. Desentona  con el paisaje una antena y restos esparcidos de otra. Según José Manuel, están allí para hacer un estudio sobre la viabilidad  de instalar en la zona molinos de viento. Hay que pagar el precio de progreso.

Frente a nosotros y dominándolo todo aparece La Maroma, rodeada por  un anillo de nubes, incapaces de alcanzar la cima. También podemos ver Periana, el pantano de La Viñuela, Colmenar, Riogordo…

Sopla  viento frío, hay que hacer la foto que de fe de nuestro paso por aquí y bajar pronto.

Volvemos por el mismo camino hasta la era y desde aquí tomamos otro, bordeando la sierra por el lado opuesto al que traíamos. Subimos un poco y pasamos junto a un bosque de pinos que huelen a otoño, bajamos un tramo muy empinado hasta una zona de bancales con un refugio de piedra bien conservado, era un sitio ideal para un descanso y como no, aligerar de peso las botas, las de vino, dicen que en todos los trabajos se fuma.

Seguimos bajando hasta unos almendros, que parecen abandonados. Las almendras son dulces según comprueban algunos. Abajo, sobre un mosaico de rectángulos marrones y verdes aparece Alfarnate. Casitas blancas doradas por el sol. Enseguida llegamos al carril    que nos lleva al pueblo.

Hoy tenemos recompensa ¡vamos a comer en una venta! Aunque tuvimos que mover más de una mesa y de una silla, todos encontramos sitio y pronto tememos un plato de jamón  asado y una cerveza que nos saben a gloria.

Espero que los que hoy nos han acompañado por primera vez, hayan disfrutado y repitan. Yo lo he pasado estupendamente. 

 

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