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Después del
descanso navideño, vamos a empezar el año con una excursión a la Sierra
del “Co”. Subiremos a Peña Negra.
Así que nos
encontramos a las nueve de la mañana, dispuestos a quemar los turrones y
los mantecados.
En total
éramos 25, incluyendo a Nieves, una amiga de Fuengirola, y su hijo, que
a pesar de llevar el brazo escayolado, ha subido sin dificultad. Y un
amigo de José Manuel con su hija María que con solo 7 años, se ha
portado como una campeona. Se lo ha pasado muy bien y está dispuesta a
repetir.
El día
amaneció completamente despejado. A primera hora hacía bastante frío. El
campo estaba helado, pero a medida que el sol fue calentando, subió la
temperatura.
La excursión
de hoy aunque no era larga, resultó algo dura, pues hemos superado casi
500 m. de desnivel, y el terreno de piedra lo hacía más complicado.
Dejamos los
coches en la carretera y empezamos a subir.
Los lirios
adornan la ladera con sus tonos morados. Hay muchas esparragueras y
pasamos por un bosquecillo de acebuches, algunos de porte considerable.
A medida que
fuimos subiendo los cardos invaden el espacio entre las rocas. Pinchando
a más de uno.
Pasamos una
alambrada, desde aquí el ascenso se hace más difícil. En más de una
ocasión tuvimos que trepar por las rocas hasta llegar a la cresta y
alcanzar la cumbre.
Pero el
esfuerzo tiene su recompensa.
Peña Negra es
una atalaya magnífica para contemplar casi toda la provincia de Málaga y
parte de Granada.
Por un lado
teníamos el mar brillante por el sol y el valle del Guadalhorce cubierto
de bruma, al otro un mar de nubes, precioso.
Podíamos contemplar la sierra de las Nieves y en frente Sierra
Nevada y la Maroma. Más cerca la sierra de las Cabras y el Torcal. La
sierra de Camorolos y el Chamizo. En fin una panorámica espléndida.
Y después de poner nombre a los pueblos y a las sierras, te sientas
sobre una roca, sintiendo la caricia del tibio sol de invierno y te
dejas llevar de los sentidos. Sientes el aire que llena tus pulmones. Y
los colores, marrones, verdes, grises.
Las suaves ondulaciones del terreno, las quebradas aristas de las
sierras, y sobre todo el azul.
Te olvidas de todo y te sientes parte, aunque minúscula, pero parte
de todo
Después de las fotos de rigor, iniciamos el descenso, también
complicado, pues a lo empinado y las rocas que había que sortear, más
de una echando el culo al suelo, se sumaba lo resbaladizo del suelo.
Pero al fin todos llegamos abajo sin ningún incidente.
Creo que todos
nos hemos divertido mucho. Hasta Nieves que ha tenido un estreno con
nosotros no demasiado suave. Espero que no se desanime y vuelva en otra
ocasión. |