8 de Enero de 2006. Peña Negra.

 

            Después del descanso navideño, vamos a empezar el año con una excursión a la Sierra del “Co”. Subiremos a Peña Negra.

            Así  que nos encontramos a las nueve de la mañana, dispuestos a quemar los turrones y los mantecados.

            En total éramos 25, incluyendo a Nieves, una amiga de Fuengirola, y su hijo, que a pesar de llevar el brazo escayolado, ha subido sin dificultad. Y un amigo de José Manuel  con su hija María que con solo 7 años, se ha portado como una campeona. Se lo ha pasado muy bien y está dispuesta a repetir.

            El día amaneció completamente despejado. A primera hora hacía bastante frío. El campo estaba helado, pero a medida que el sol fue calentando, subió la temperatura.

            La excursión de hoy aunque no era larga, resultó algo dura, pues hemos superado casi 500 m. de desnivel, y el terreno de piedra lo hacía más complicado.

            Dejamos los coches en  la carretera y empezamos a subir.

            Los lirios adornan la ladera con sus tonos morados. Hay muchas esparragueras y pasamos por un bosquecillo de acebuches, algunos de porte considerable.

            A medida que fuimos subiendo los cardos invaden el espacio entre las rocas. Pinchando a más de uno.

            Pasamos una alambrada, desde aquí el ascenso se hace más difícil. En más de una ocasión tuvimos que trepar por las rocas hasta llegar a la cresta y alcanzar la cumbre.

            Pero el esfuerzo tiene su recompensa.

            Peña Negra es una atalaya magnífica para contemplar casi toda la provincia de Málaga y parte de Granada.

            Por un lado teníamos el mar brillante por el sol y el valle del Guadalhorce cubierto de bruma, al otro un mar de nubes, precioso.

 Podíamos contemplar la sierra de las Nieves y en frente Sierra Nevada y la Maroma. Más cerca la sierra de las Cabras y el Torcal. La sierra de Camorolos y el Chamizo. En fin una panorámica espléndida.

Y después de poner nombre a los pueblos y a las sierras, te sientas sobre una roca, sintiendo la caricia del tibio sol de invierno y te dejas llevar de los sentidos. Sientes el aire que llena tus pulmones. Y los colores, marrones, verdes, grises.

Las suaves ondulaciones del terreno, las quebradas aristas de las sierras, y sobre todo el azul.

Te olvidas de todo y te sientes parte, aunque minúscula, pero parte de todo

Después de las fotos de rigor, iniciamos el descenso, también complicado, pues a lo empinado y  las rocas que había que sortear, más de una echando el culo al suelo, se sumaba lo resbaladizo del suelo. Pero al fin todos llegamos abajo sin ningún incidente.

            Creo que todos nos hemos divertido mucho. Hasta Nieves que ha tenido un estreno con nosotros no demasiado suave. Espero que no se desanime y vuelva en otra ocasión.

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