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TORCAL CON NIEBLA Este domingo íbamos a servir de guías a un club senderista de Vélez Málaga que contactó con Julio, para que los lleváramos al Torcal. Pero el mal tiempo hizo que lo dejaran para otro día. Habíamos quedado a las 8.30 en la plaza de toros. Allí nos presentamos unos cuantos a los que no nos asustaron las nubes. Nos dirigimos al Torcal. A estas horas, el aparcamiento estaba casi vacío, solo había dos coches. Hacía frío, nos abrigamos bien y con nuestras mochilas al hombro nos adentramos en la ruta amarilla. La niebla lo envolvía todo, desdibujando los contornos y dándole a las rocas un aspecto fantasmal. Los árboles estaban cubiertos por cientos de gotitas de agua como perlas transparentes que poco a poco caían al suelo. Andábamos con cuidado, pues las rocas resbalaban, y había mucho barro. A medida que la niebla se fue disipando dejó al descubierto las formas caprichosas de las rocas, que aparecían con un aspecto brillante, recién lavadas. El sol abrió algunos claros, pintando algunos retazos azules entre las nubes grises. Por el callejón oscuro llegamos al púlpito, y aunque estaba muy resbaladizo, algunos fueron capaces de subir. Luego nos dirigimos a las ventanillas. Aquí protegidos detrás de las rocas nos sentamos para disfrutar del paisaje. Bajo nosotros, tendida placidamente, Villa Nueva de la Concepción, calentada por los rayos de sol que se colaban entre las nubes. Delante de nosotros pasó un rebaño de cabras, Manolo contó más de cincuenta. Algunas se paraban y nos miraban descaradamente, para luego seguir su camino y perderse entre las rocas. Sentados al sol estábamos muy a gustito, pero teníamos que volver, así que nos dirigimos al aparcamiento. Ahora había muchos coches y gente de acá para allá, pero seguro que ninguno ha disfrutado como nosotros, de una estampa tan especial del Torcal entre la niebla.
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